La silicosis es una enfermedad pulmonar que no aparece de la noche a la mañana. Avanza despacio, casi sin avisar, y suele manifestarse cuando los pulmones llevan años expuestos al polvo de sílice. Afecta especialmente a trabajadores de canteras, fábricas, minería, construcción o pulido de piedra, pero también puede aparecer en profesiones que muchos no relacionan con esta exposición. Por eso se la conoce como una enfermedad “profesional”, aunque sus consecuencias van mucho más allá del entorno laboral.
El problema es que, en sus fases iniciales, la silicosis apenas da síntomas. Una tos ligera, un cansancio extraño o la sensación de falta de aire al hacer esfuerzos suelen confundirse con un resfriado mal curado o con el agotamiento del día a día. Cuando el cuerpo “habla”, suele hacerlo tarde. Y por eso entender cómo se desarrolla, qué señales deben vigilarse y qué opciones existen para frenarla es fundamental para proteger la salud respiratoria.
A pesar de que no tiene cura definitiva, sí es posible controlar su evolución, aliviar los síntomas y evitar que avance si se detecta a tiempo. Adoptar medidas preventivas, usar protección adecuada y acudir al especialista ante cualquier sospecha puede marcar una diferencia enorme a largo plazo.
Qué es la silicosis y por qué aparece
La silicosis es una enfermedad pulmonar crónica causada por la inhalación prolongada de partículas de sílice cristalina. Esta sustancia está presente en materiales como el granito, el cemento, la arena, la cerámica o la piedra artificial, y al manipularlos se liberan partículas microscópicas que pueden llegar hasta los pulmones.
Cuando estas partículas se inhalan de manera repetida, el organismo responde intentando “encapsularlas”, generando inflamación y cicatrices en el tejido pulmonar. Con el tiempo, estas cicatrices reducen la capacidad de los pulmones para expandirse y oxigenar la sangre, lo que provoca dificultad respiratoria progresiva.
Cómo afecta la sílice a los pulmones
La sílice cristalina es tan pequeña que puede llegar a las zonas más profundas del pulmón. Allí provoca una irritación constante que desencadena fibrosis: un endurecimiento del tejido pulmonar que lo vuelve menos flexible. Ese proceso no es reversible, y cuanto más prolongada es la exposición, mayor es el daño.
Existen tres formas principales: la silicosis crónica, que aparece tras 10 o 20 años de exposición; la acelerada, que surge en pocos años si la concentración del polvo es muy alta; y la silicosis aguda, una forma más grave y menos frecuente que puede aparecer tras meses de exposición intensa. Todas tienen un punto en común: el daño pulmonar progresa si no se elimina la exposición.