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El pie diabético y su prevención: síntomas, riesgos y cuidados diarios

miércoles, 7 de enero de 2026

La diabetes es una condición que exige una atención constante en muchos aspectos de la salud, pero uno de los que más dudas y preocupación genera es el cuidado de las extremidades inferiores. El término pie diabético se refiere a una serie de alteraciones que surgen como consecuencia de los niveles elevados de glucosa en sangre mantenidos en el tiempo. Estas alteraciones afectan principalmente a los nervios y a los vasos sanguíneos, convirtiendo a los pies en una zona de especial vulnerabilidad que requiere un seguimiento cercano y una comprensión clara por parte del paciente.

Para una persona con diabetes, los pies no son simplemente el soporte del cuerpo, sino un indicador de su bienestar general. Pequeñas lesiones que en otras circunstancias carecerían de importancia, como una rozadura o una ampolla, pueden complicarse si no se detectan y tratan con el rigor necesario. Por ello, el objetivo de la educación sanitaria no es alarmar, sino dotar al paciente de las herramientas necesarias para que sepa identificar cuándo un cambio es normal y cuándo es el momento de consultar con un profesional.

¿Por qué ocurre el pie diabético? El papel de la glucosa y la circulación

La aparición del pie diabético se debe fundamentalmente a la combinación de dos factores que actúan de manera progresiva y, a menudo, silenciosa. El primero es la neuropatía diabética, que consiste en el daño a los nervios de las extremidades. Esto provoca una pérdida de la sensibilidad táctil y térmica, lo que significa que el paciente puede sufrir un corte, una quemadura o un roce excesivo sin sentir dolor. Al perder esta señal de alarma natural del cuerpo, las lesiones pasan desapercibidas y pueden evolucionar negativamente sin que la persona lo note.

El segundo factor crítico es la enfermedad vascular periférica o falta de riego sanguíneo. La diabetes puede favorecer el estrechamiento de las arterias, dificultando que la sangre rica en oxígeno y nutrientes llegue a los pies. Si la circulación es deficiente, la capacidad del cuerpo para cicatrizar heridas y combatir posibles infecciones se ve drásticamente reducida. Cuando la falta de sensibilidad y el riego sanguíneo insuficiente coinciden, se crea el escenario donde pueden aparecer las úlceras.

Señales que no debemos pasar por alto

Es fundamental que el paciente desarrolle el hábito de observar sus pies cada día, preferiblemente al finalizar la jornada. Los síntomas iniciales no siempre son dolorosos, precisamente por la afectación nerviosa mencionada, por lo que la vista se convierte en nuestra mejor aliada.

Alteraciones en la sensibilidad y sensaciones extrañas

Muchos pacientes describen una sensación de hormigueo, pinchazos o incluso un ardor molesto que suele intensificarse durante el descanso nocturno. En otras ocasiones, lo que se percibe es una sensación de acorchamiento o de tener los pies "dormidos". Si nota que no es capaz de distinguir bien el agua fría de la caliente al ducharse, o que ha dejado de percibir el roce de los calcetines, es importante comunicarlo en su próxima revisión médica.

Cambios visibles en el aspecto del pie

La piel de una persona con pie diabético tiende a volverse más seca y fina, perdiendo la elasticidad habitual. Esto puede provocar la aparición de grietas, especialmente en la zona de los talones. También es común observar cambios en el color, con zonas que se vuelven más rojizas o amoratadas, o la presencia de hinchazón que no desaparece tras el descanso. La aparición de callosidades o durezas en puntos específicos de presión también es una señal de que el pie está sufriendo un apoyo inadecuado que podría derivar en una lesión interna.

Factores que aumentan el riesgo de complicaciones

No todos los pacientes con diabetes tienen el mismo riesgo de desarrollar problemas en los pies. Existen ciertos factores personales y hábitos que pueden acelerar el proceso. Por ejemplo, el consumo de tabaco es especialmente perjudicial, ya que el tabaco daña directamente los vasos sanguíneos y empeora la circulación periférica, dificultando todavía más cualquier proceso de curación.

La antigüedad de la propia enfermedad también influye; cuanto más tiempo se conviva con la diabetes, mayor es la probabilidad de que los nervios se hayan visto afectados. Asimismo, la presencia de deformidades óseas, como los juanetes o los dedos en garra, crea puntos de fricción constantes con el calzado que, ante la falta de sensibilidad, se convierten rápidamente en heridas. El control irregular de la glucemia es, por supuesto, el factor determinante que acelera todas estas complicaciones.

Cómo cuidar sus pies paso a paso en casa

El cuidado diario no requiere procedimientos complicados, sino constancia y delicadeza. El lavado debe realizarse con agua templada y un jabón neutro, evitando dejar el pie en remojo más de cinco minutos para que la piel no se reblandezca en exceso. Un punto clave es el secado: debe ser minucioso, especialmente entre los dedos, utilizando una toalla suave y dando pequeños toques en lugar de frotar con fuerza. La humedad persistente en los espacios interdigitales es la principal causa de infecciones por hongos.

Tras el secado, es recomendable aplicar una crema hidratante que contenga urea en el dorso y la planta del pie, pero nunca entre los dedos. En cuanto al corte de las uñas, lo ideal es hacerlo de forma recta y con una lima de cartón para evitar picos que puedan clavarse en la piel vecina. Si la visión es reducida o las uñas son muy gruesas, es preferible delegar esta tarea en un podólogo especializado en pie diabético para evitar cortes accidentales que podrían ser el inicio de una complicación.

El calzado como herramienta de protección

El zapato no debe verse como un complemento estético, sino como una barrera de protección. Debe ser de un material natural que permita la transpiración, como la piel, y tener una horma ancha que no oprima los dedos. Es fundamental evitar los zapatos con costuras internas prominentes que puedan causar roces. Un consejo práctico es comprar el calzado a última hora de la tarde, que es cuando el pie está más hinchado, para asegurar que no apretará en ningún momento del día.

Dentro de casa, nunca se debe caminar descalzo. Una pequeña piedrecita o un juguete en el suelo pueden causar una herida que pase desapercibida durante horas. El uso de calcetines también es importante: deben ser de fibras naturales como el algodón o la lana, sin costuras y con un elástico suave que no marque ni dificulte el retorno venoso.

El papel del profesional y el diagnóstico

En la consulta médica, el especialista realiza una exploración exhaustiva para evaluar el estado del pie. Se utilizan herramientas sencillas pero eficaces, como el monofilamento —un hilo de nylon que se presiona suavemente en la planta— para medir la sensibilidad táctil, o el diapasón para valorar la sensibilidad vibratoria. También se comprueban los pulsos en diferentes zonas del pie para asegurar que la sangre fluye correctamente.

Si se detecta una herida o úlcera, el tratamiento se orienta a liberar la zona de presión, limpiar el tejido dañado y aplicar apósitos avanzados que mantengan el equilibrio de humedad necesario para la cicatrización. El seguimiento es estrecho, ya que el objetivo primordial es evitar que la infección avance hacia tejidos más profundos como el hueso.

Cuándo es necesario acudir a un especialista con urgencia

Aunque la mayoría de los cuidados son preventivos, existen situaciones que requieren una valoración médica inmediata. Si se observa que una pequeña herida se vuelve negra, si aparece una hinchazón brusca acompañada de calor y enrojecimiento, o si hay presencia de pus, no se debe esperar a la siguiente cita programada.

Del mismo modo, si el paciente nota fiebre o malestar general coincidiendo con una molestia en el pie, es imperativo buscar atención profesional. La rapidez en la respuesta es lo que marca la diferencia en la evolución del pie diabético. Detectar un problema a tiempo permite aplicar soluciones menos invasivas y garantiza que el paciente pueda seguir manteniendo su movilidad y autonomía con total seguridad.

➡️ ¿Y si tengo más dudas sobre el pie diabético?

 

Pues es muy sencillo, puedes mandarnos un correo electrónico a info@hospitallaantigua.com o bien puedes llamarnos por teléfono al teléfono 949 223 600.
Estaremos encantados de atenderte y resolver todas tus dudas.

Preguntas frecuentes sobre el pie diabético

Aquí tienes una selección de las preguntas más frecuentes que recibimos en consulta, respondidas de forma directa y sencilla para ayudar a resolver las dudas más comunes de los pacientes y sus familias.

¿El pie diabético tiene una cura definitiva?

Más que de una cura, en medicina preferimos hablar de un control riguroso y una cicatrización exitosa. Aunque una úlcera puede cerrarse por completo con el tratamiento adecuado, la condición de vulnerabilidad del pie permanece. Por ello, es fundamental mantener la vigilancia y los cuidados preventivos de por vida, ya que el riesgo de que aparezca una nueva lesión sigue presente debido a la naturaleza crónica de la diabetes.

¿Por qué es tan peligroso caminar descalzo incluso en casa?

La razón principal es la pérdida de sensibilidad provocada por la neuropatía. Un paciente puede pisar un objeto pequeño o sufrir un roce sin sentir absolutamente nada. Al no haber dolor, la herida puede pasar desapercibida durante días y derivar en una infección grave antes de ser detectada. Usar siempre calzado o zapatillas cómodas actúa como un escudo protector indispensable frente a estos accidentes silenciosos.

¿Qué debo hacer si me provoco un corte accidental al arreglarme las uñas?

Ante un corte accidental, lo primero es mantener la calma y lavar la zona con agua y jabón neutro. Es importante aplicar un antiséptico incoloro para no enmascarar el color natural de la piel y cubrir la herida con un apósito limpio. No espere a ver si la herida sana por sí sola; lo más prudente es acudir a su enfermero o podólogo en un plazo de 24 horas para asegurar que no hay riesgo de complicación.

¿Es recomendable utilizar productos para eliminar los callos en casa?

El uso de productos químicos conocidos como "callicidas" o el empleo de cuchillas domésticas está totalmente desaconsejado en pacientes con diabetes. Estos productos suelen ser muy agresivos y pueden provocar quemaduras o heridas profundas con mucha facilidad. Cualquier dureza o callosidad debe ser tratada exclusivamente por un podólogo profesional, quien utilizará instrumental esterilizado y técnicas seguras para la piel del paciente.

¿Cómo influye el nivel de azúcar en la curación de una herida en el pie?

Los niveles elevados de glucosa en sangre dificultan enormemente el proceso natural de reparación de los tejidos. El azúcar alto debilita el sistema inmunitario y entorpece la llegada de las células encargadas de cerrar la herida y combatir las bacterias. Por este motivo, mantener la diabetes bien controlada a través de la alimentación y la medicación es tan importante como las curas locales que realizamos en el pie.

¿Puedo estrenar zapatos nuevos durante todo el día?

Nunca es recomendable estrenar calzado durante una jornada completa. Los zapatos nuevos suelen estar más rígidos y pueden provocar roces o presiones en puntos que el paciente no percibe debido a la falta de sensibilidad. Lo ideal es usarlos de forma progresiva, apenas una o dos horas al día dentro de casa, y revisar minuciosamente la piel tras quitárselos para descartar cualquier zona enrojecida o inflamada.

¿Qué importancia tiene el ejercicio físico si tengo riesgo de lesiones?

El ejercicio es un gran aliado porque mejora la circulación sanguínea y ayuda a regular los niveles de glucosa. Sin embargo, debe realizarse siempre con un calzado deportivo adecuado y calcetines que no opriman. Al finalizar cualquier caminata o actividad física, el paciente debe convertir en rutina la inspección de sus pies para confirmar que el esfuerzo no ha generado ninguna ampolla o rozadura que requiera atención médica.