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Flebitis: cuando una vena inflamada requiere atención

jueves, 6 de noviembre de 2025

Una vena que se inflama nunca pasa desapercibida: duele, se enrojece y puede endurecerse bajo la piel. A eso lo llamamos flebitis, una alteración tan frecuente como infravalorada. Muchas veces aparece tras una inyección o una estancia hospitalaria, pero también puede surgir sin causa aparente, especialmente en las piernas, donde la sangre circula más despacio.

Aunque suele ser leve y localizada, en algunos casos la flebitis puede complicarse si se forma un coágulo dentro de la vena. Por eso, distinguir cuándo se trata de una inflamación superficial y cuándo puede convertirse en un problema más serio —como una trombosis— resulta esencial para actuar a tiempo.

Detectar la flebitis a tiempo puede ser crucial entre una molestia pasajera y una complicación seria. Reconocer sus síntomas desde el principio y entender por qué aparece permite actuar pronto y evitar que la inflamación evolucione hacia una trombosis. Cuando una vena se inflama, no conviene restarle importancia: atenderla y seguir las indicaciones médicas es la mejor manera de proteger la circulación y prevenir problemas mayores.

¿Qué es la flebitis y por qué aparece?

La flebitis es la inflamación de una vena, una alteración que puede presentarse tanto en los brazos como en las piernas y que suele deberse a una lesión en la pared interna del vaso sanguíneo o a una circulación demasiado lenta. Cuando el flujo de sangre se estanca, las células defensivas del organismo acuden a la zona, produciendo una respuesta inflamatoria que altera la pared de la vena. Esa misma reacción puede favorecer la aparición de un coágulo de sangre (trombo) que obstruye parcialmente el paso de la sangre.

Por esta razón, en muchos casos la flebitis no se limita a una simple inflamación, sino que se acompaña de trombosis, dando lugar a lo que se conoce como tromboflebitis. Esta combinación de inflamación y coágulo explica por qué, a pesar de ser una afección relativamente frecuente, siempre debe vigilarse de cerca: una flebitis mal controlada puede derivar en una trombosis más seria.

Aunque a menudo aparece tras una inyección, una intervención quirúrgica o una inmovilización prolongada, también puede desarrollarse sin causa aparente en personas con varices, obesidad, trastornos de coagulación o antecedentes familiares de trombosis. En la mayoría de los casos, la inflamación afecta a las venas superficiales, pero en otras ocasiones el problema se origina en venas más profundas, con consecuencias potencialmente más graves.

Tipos de flebitis: superficial y profunda

En función de la localización y profundidad de la vena afectada, distinguimos dos formas principales de flebitis: superficial y profunda.

La flebitis superficial es la más común y suele afectar a venas visibles bajo la piel, especialmente en las piernas. Se manifiesta con enrojecimiento, calor local y una sensación de tirantez o dolor al tocar la zona. A veces la vena se nota como un cordón endurecido y sensible. Aunque molesta, rara vez se asocia a complicaciones graves y suele resolverse con tratamiento médico y medidas locales, como reposo y aplicación de calor.

La flebitis profunda, en cambio, afecta a las venas situadas más internamente y constituye un cuadro más serio. En estos casos, el riesgo es que el coágulo formado dentro de la vena se desprenda y viaje hasta los pulmones, provocando una embolia pulmonar. Por este motivo, la tromboflebitis profunda —también conocida como trombosis venosa profunda— requiere un diagnóstico rápido y un seguimiento estrecho.

La diferencia entre una flebitis superficial y una profunda no siempre es evidente a simple vista. Algunas veces, una inflamación que parece menor puede esconder una trombosis en desarrollo. Por eso, ante síntomas persistentes o si hay hinchazón importante, es fundamental acudir al médico. Solo una ecografía Doppler o una exploración física especializada pueden confirmar el tipo exacto de flebitis y orientar el tratamiento adecuado.

Síntomas de la flebitis: señales a tener en cuenta

Los síntomas de la flebitis dependen de la vena afectada y de la profundidad del proceso inflamatorio. En las formas superficiales, los signos suelen ser visibles: la piel se enrojece, se vuelve más sensible y caliente al tacto, y la vena inflamada se palpa como un cordón duro y doloroso bajo la piel. Es habitual que la zona se tense o moleste al caminar, especialmente al final del día o tras permanecer mucho tiempo de pie. En algunos casos, puede aparecer una ligera hinchazón o picor local, acompañada de sensación de calor.

En cambio, la flebitis profunda puede pasar más desapercibida al principio, pero sus síntomas son más serios. El dolor es más intenso y constante, la pierna o el brazo se inflaman de forma progresiva y aparece una sensación de pesadez o tensión interna difícil de aliviar. También puede presentarse aumento de temperatura corporal, fiebre o cambios en el color de la piel, que adopta un tono rojizo o azulado. Estas manifestaciones suelen indicar que el flujo sanguíneo está comprometido y requieren valoración médica inmediata.

Cuándo la flebitis debe considerarse grave

La flebitis debe considerarse un problema urgente cuando el dolor o la hinchazón surgen de manera repentina, una pierna se inflama más que la otra o aparecen síntomas respiratorios como dificultad para respirar, tos con sangre o dolor torácico. Estos signos pueden indicar que un coágulo se ha desprendido y ha alcanzado los pulmones, provocando una embolia pulmonar, una complicación potencialmente grave.

También se recomienda acudir al médico si la inflamación no mejora en pocos días, si la piel presenta un enrojecimiento que se extiende o si la flebitis surge sin una causa clara. Solo una exploración médica y, en caso necesario, una ecografía Doppler podrán determinar si se trata de una inflamación superficial o de una trombosis venosa profunda que requiere tratamiento específico.

Causas y factores de riesgo de la flebitis

La flebitis puede tener diversos orígenes, y a menudo aparece tras una agresión directa a la pared de la vena. Es frecuente que surja después de la colocación de un catéter intravenoso o una inyección que irrite el endotelio, especialmente si se utilizan sustancias de carácter inflamatorio o si el dispositivo permanece colocado durante varios días. También puede desarrollarse tras una cirugía o un periodo prolongado de inmovilidad, momentos en los que la sangre circula con mayor lentitud y tiende a estancarse, favoreciendo la inflamación.

Existen además factores de riesgo que aumentan la probabilidad de sufrir una flebitis. Las personas con varices o con antecedentes de trombosis venosa presentan una mayor predisposición, al igual que quienes padecen obesidad, permanecen mucho tiempo de pie o han sufrido traumatismos recientes. El embarazo, el posparto y los tratamientos hormonales —incluidos los anticonceptivos— también pueden contribuir a que la sangre se vuelva más espesa o se formen pequeños coágulos con mayor facilidad.

En los viajes largos o durante periodos de reposo prolongado, el simple hecho de mantener las piernas inmóviles durante horas puede provocar una disminución del retorno venoso. De igual modo, las personas con trastornos de coagulación hereditarios, conocidas como trombofilias, deben tener especial precaución, ya que su sangre tiende a coagularse con más rapidez.

Aunque en la mayoría de los casos la flebitis superficial tiene un curso benigno y se resuelve con tratamiento médico y reposo, identificar la causa que la ha originado es esencial. Hacerlo permite evitar recurrencias, prevenir que evolucione hacia una trombosis y proteger la salud venosa a largo plazo.

Diagnóstico de la flebitis: qué pruebas se hacen

El diagnóstico de la flebitis se basa en la exploración clínica y, en muchos casos, en una ecografía Doppler que permite visualizar el flujo sanguíneo y confirmar si existe un coágulo dentro de la vena.

También pueden realizarse análisis de sangre, como el dímero D, para descartar trombosis.

En casos de flebitis profunda o sospecha de embolia pulmonar, el médico puede solicitar pruebas complementarias, como una angio-TAC o una gammagrafía de perfusión pulmonar. Un diagnóstico temprano evita complicaciones y permite instaurar el tratamiento adecuado.

Tratamiento de la flebitis: qué opciones hay

El tratamiento depende del tipo de flebitis y de su causa. En general, el objetivo es reducir la inflamación, aliviar el dolor y prevenir la formación o extensión de coágulos.

En las flebitis superficiales, suelen recomendarse medidas locales, como la aplicación de calor húmedo, elevación de la pierna afectada y antiinflamatorios bajo indicación médica.

Cuando la flebitis está asociada a un catéter, éste debe retirarse. Si se acompaña de infección, se añaden antibióticos específicos.

En los casos más graves o con riesgo de trombosis, el tratamiento puede incluir anticoagulantes para disolver los coágulos y evitar que crezcan o se desplacen hacia los pulmones.

Tratamiento específico de la flebitis profunda y trombosis

La flebitis profunda requiere una atención médica más exhaustiva. Se administra tratamiento anticoagulante durante varios meses y, en ocasiones, se utilizan medias de compresión para mejorar la circulación.

En algunos casos seleccionados, puede requerirse hospitalización para un control más estrecho. El reposo absoluto ya no se recomienda: moverse con precaución mejora el retorno venoso y reduce complicaciones.

El seguimiento médico es fundamental, ya que algunas personas pueden necesitar tratamiento prolongado o controles periódicos para prevenir recurrencias.

Prevención de la flebitis: hábitos que ayudan a largo plazo

Prevenir la flebitis es posible, especialmente en personas con riesgo elevado.

Mantener una buena circulación es clave: caminar con frecuencia, evitar la inmovilidad prolongada, mantenerse hidratado y no cruzar las piernas durante largos periodos ayuda a que la sangre fluya correctamente.

En quienes tienen varices, se recomiendan medias de compresión graduada, y durante viajes largos en avión o coche conviene levantarse, mover las piernas o hacer ejercicios suaves de flexión.

Tras una cirugía o durante una hospitalización, los médicos pueden indicar medicación preventiva o ejercicios específicos para reducir el riesgo de trombosis.

Pequeñas acciones diarias —como dejar de fumar, controlar el peso o revisar la presión arterial— pueden marcar una gran diferencia en la salud venosa.

➡️ ¿Y si tengo más dudas sobre la flebitis?

Pues es muy sencillo, puedes mandarnos un correo electrónico a info@hospitallaantigua.com o bien puedes llamarnos por teléfono al teléfono 949 223 600.
Estaremos encantados de atenderte y resolver todas tus dudas.

Preguntas frecuentes sobre la flebitis

Aunque la mayoría de los casos de flebitis se resuelven sin complicaciones, muchas personas tienen dudas sobre cómo reconocerla, cuánto dura y qué hacer si vuelve a aparecer. Resolver estas cuestiones ayuda a actuar a tiempo y a prevenir que la inflamación evolucione hacia una trombosis.

¿Qué hacer si tengo una vena roja, caliente y endurecida?

Cuando una vena se inflama y duele al tacto, lo primero es mantener la pierna elevada, aplicar calor local y consultar al médico para confirmar si se trata de una flebitis o de una trombosis. Nunca debe masajearse la zona ni automedicarse, ya que podría agravar la inflamación o desplazar un coágulo si lo hubiera.

¿Cómo saber si tengo flebitis o trombosis?

La flebitis superficial suele manifestarse con una vena visible, dura y sensible bajo la piel. En cambio, la trombosis venosa profunda provoca hinchazón más extensa, dolor intenso y pesadez en toda la pierna. Solo una ecografía Doppler puede confirmar el diagnóstico, por lo que es fundamental acudir al médico ante la mínima duda.

¿Cuánto tarda en curarse una flebitis y qué pasa si no se trata?

En la mayoría de los casos, la flebitis superficial mejora en una o dos semanas, aunque la vena puede permanecer endurecida algo más. Si no se trata o si se ignoran los síntomas, existe riesgo de que se forme un coágulo y la inflamación avance hacia una trombosis más seria. El seguimiento médico evita complicaciones y asegura una recuperación completa.

¿Cómo prevenir la flebitis después de una operación o un viaje largo?

La prevención se basa en mantener una buena circulación: caminar pronto después de una cirugía, hidratarse bien, mover las piernas con frecuencia y utilizar medias de compresión cuando sea necesario. En personas con más riesgo, el médico puede recetar anticoagulantes preventivos para evitar la formación de coágulos.

¿La flebitis puede repetirse?

Sí, sobre todo cuando persisten los factores que la favorecen, como las varices, la falta de movilidad o los periodos prolongados de reposo. Adoptar hábitos saludables, controlar el peso y evitar el tabaco reduce las probabilidades de que vuelva a aparecer. En casos de recurrencia, conviene revisar la circulación con una ecografía venosa y valorar posibles tratamientos preventivos.