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Fascitis plantar: causas, síntomas y cómo aliviar el dolor de talón

miércoles, 12 de noviembre de 2025

Caminar, correr o simplemente estar de pie durante horas son gestos cotidianos que exigen mucho a los pies. Por eso, cuando aparece un dolor punzante en el talón al levantarse de la cama o después de un largo día, la causa más habitual suele ser la fascitis plantar. Esta inflamación del tejido que recorre la planta del pie es una de las lesiones más comunes del aparato locomotor y, sin embargo, una de las que más se tienden a ignorar al principio.

Detrás de ese dolor está la fascia plantar, una banda de tejido que soporta el peso de cada paso y que, cuando se irrita o se inflama, convierte algo tan simple como caminar en una tarea incómoda. No afecta solo a deportistas: también aparece en personas con sobrepeso, profesiones que implican estar muchas horas de pie o incluso en quienes usan calzado sin buena amortiguación.

Aunque suele empezar con una molestia leve al apoyar el pie, puede transformarse en un dolor persistente que impide caminar con normalidad. La buena noticia es que la mayoría de los casos se solucionan con medidas sencillas, sin necesidad de cirugía ni tratamientos agresivos. Detectarla a tiempo, cuidar los pies y adaptar los hábitos diarios son las claves para aliviar el dolor y evitar que el problema se haga crónico.

Qué es la fascitis plantar y por qué aparece

La fascitis plantar es una inflamación del tejido que recubre la planta del pie, conocido como fascia plantar. Esta estructura, formada por fibras elásticas muy resistentes, conecta el talón con la base de los dedos y actúa como un auténtico amortiguador natural. Su función es soportar el peso corporal, mantener el arco del pie y absorber el impacto de cada paso, algo que realiza miles de veces al día sin que seamos conscientes.

El problema surge cuando la fascia se sobrecarga de manera repetida o se estira más de lo que puede resistir. Con el tiempo, esos pequeños microdesgarros provocan inflamación, dolor y rigidez, especialmente en la zona del talón. Es un proceso que avanza poco a poco, y en muchas personas comienza con una simple molestia matutina que se va intensificando si no se trata a tiempo.

La fascitis plantar es más habitual en personas que pasan mucho tiempo de pie, en trabajadores que permanecen largas jornadas sobre superficies duras y en deportistas, especialmente corredores. También influye el tipo de pisada: quienes tienen pies planos o excesivamente cavos tienden a cargar más la fascia. El sobrepeso, el uso de calzado sin buena amortiguación o un incremento repentino de la actividad física son factores que aumentan el riesgo.

Además, la edad desempeña un papel importante. A partir de los 40 años, la fascia pierde parte de su elasticidad y capacidad de recuperación, lo que la hace más vulnerable a la inflamación. En mujeres, el uso continuado de zapatos con poco soporte o tacones puede contribuir a que la fascia se irrite con más facilidad.

Fascitis plantar y espolón calcáneo: no son lo mismo

La fascitis plantar y el espolón calcáneo suelen mencionarse juntas, pero no son sinónimos. La fascitis es la inflamación del tejido blando, mientras que el espolón es una pequeña calcificación ósea que aparece en el talón como consecuencia de esa tensión repetida. Es decir, el espolón es una consecuencia posible, no la causa del dolor.

Muchas personas con espolón no presentan molestias, mientras que otras, sin ninguna calcificación visible, sufren un dolor intenso en la planta del pie. El verdadero origen del malestar está en la inflamación de la fascia, no en la presencia del hueso adicional.

Un diagnóstico adecuado mediante exploración y, en algunos casos, una radiografía o ecografía permite diferenciar ambas situaciones y aplicar el tratamiento correcto. Identificar si el dolor procede de la fascia o de una lesión asociada evita confusiones y acelera la recuperación.

Síntomas de la fascitis plantar: cuándo sospecharla

El síntoma más característico de la fascitis plantar es el dolor punzante en el talón al dar los primeros pasos por la mañana o después de haber estado mucho tiempo sentado. Esa molestia inicial, que a menudo mejora tras caminar unos minutos, es una señal de que la fascia está inflamada y tensa. Sin embargo, con el paso de los días el dolor puede reaparecer al final de la jornada, tras hacer ejercicio o después de permanecer de pie durante horas.

A diferencia de otras dolencias del pie, el dolor de la fascitis no se localiza en los dedos ni en el arco, sino en la parte inferior del talón, justo donde la fascia se une al hueso. En ocasiones se describe como una sensación de “puñalada” o “ardor”, y puede llegar a irradiarse hacia la planta del pie o el tobillo.

Con el tiempo, la inflamación mantenida puede provocar rigidez, tirantez o una sensación constante de presión en la planta del pie. Si no se trata, el dolor tiende a volverse más intenso y persistente, dificultando tareas cotidianas como caminar, conducir o subir escaleras.

Cuándo acudir al médico por dolor de talón

Aunque muchas personas intentan aguantar o atribuyen el dolor al cansancio, es importante acudir al médico si las molestias duran más de dos semanas o si el dolor impide caminar con normalidad. También conviene buscar atención médica cuando el dolor aparece de forma repentina tras un esfuerzo o si se asocia a inflamación visible, calor o dificultad para mover el pie.

Un diagnóstico temprano permite iniciar un tratamiento conservador eficaz y evitar que la fascitis se convierta en un problema crónico. El profesional valorará la postura, el tipo de pisada y el calzado habitual, ya que muchas veces la causa no está en el pie en sí, sino en la forma de caminar o en los hábitos diarios.

Diagnóstico: cómo se confirma la fascitis plantar

El diagnóstico de la fascitis plantar suele hacerse a partir de la exploración física y de la historia clínica del paciente. El médico evalúa cuándo aparece el dolor, si se localiza en el talón o se irradia por la planta del pie, y qué factores lo agravan, como estar mucho tiempo de pie, usar cierto calzado o practicar deporte.

Durante la exploración, se palpa la base del talón y el recorrido de la fascia plantar para detectar los puntos de máxima sensibilidad. En la mayoría de los casos, esa simple maniobra reproduce el dolor característico y permite confirmar la sospecha. También se analiza la movilidad del tobillo y la tensión de los músculos de la pantorrilla, ya que un acortamiento del tendón de Aquiles suele estar asociado.

Cuando las molestias son persistentes o el diagnóstico no está claro, pueden solicitarse pruebas de imagen. La ecografía muestra con precisión el grosor y la inflamación de la fascia, mientras que la resonancia magnética ayuda a descartar lesiones más profundas o fracturas por estrés. En algunos casos se realiza una radiografía para valorar si existe un espolón calcáneo asociado.

Estas pruebas no siempre son necesarias, pero resultan útiles para confirmar la extensión de la lesión y orientar el tratamiento más eficaz.

Tratamiento de la fascitis plantar: aliviar y prevenir la inflamación

El tratamiento de la fascitis plantar busca reducir la inflamación, aliviar el dolor y favorecer la recuperación del tejido. En la mayoría de los casos, el reposo relativo —evitando actividades que agraven el dolor— es el primer paso. Aplicar frío local en la zona y utilizar calzado con buena amortiguación ayuda a disminuir la presión sobre la fascia. En algunos casos, el médico puede recomendar antiinflamatorios o sesiones de fisioterapia.

La fisioterapia juega un papel clave, ya que permite mejorar la flexibilidad del pie y corregir los desequilibrios musculares que perpetúan el problema. Las plantillas personalizadas y los estiramientos específicos son dos herramientas eficaces para aliviar la tensión de la fascia y prevenir nuevas lesiones.

Ejercicios recomendados para la fascitis plantar

Entre los ejercicios más eficaces se incluyen los estiramientos del gemelo y del tendón de Aquiles, así como los movimientos de flexión del pie con una toalla o pelota. También se pueden realizar masajes suaves con una botella fría o una pelota de tenis bajo la planta del pie. Realizados de forma constante, estos ejercicios ayudan a disminuir el dolor y a mejorar la movilidad.

Tratamientos en casos resistentes

Cuando la fascitis plantar se vuelve crónica o no responde al tratamiento conservador, existen opciones más avanzadas como las ondas de choque, las infiltraciones o los tratamientos con fisioterapia regenerativa. La cirugía se reserva solo para los casos excepcionales en los que el dolor persiste tras varios meses de tratamiento médico y rehabilitador.

Prevención de la fascitis plantar: cuidar los pies para evitar recaídas

Prevenir la fascitis plantar es tan importante como tratarla, sobre todo cuando ya se ha sufrido un episodio previo. La fascia es un tejido con memoria: si no se cuida, puede volver a inflamarse con facilidad. Por eso, los hábitos diarios y el tipo de calzado que se utilice marcan la diferencia entre una recuperación duradera o una recaída.

Mantener un peso adecuado es una de las medidas más eficaces, ya que el exceso de kilos aumenta la presión sobre el talón y la planta del pie. También conviene revisar el calzado: los zapatos demasiado planos o con suelas muy duras obligan a la fascia a soportar más tensión. Lo ideal es usar modelos con buena amortiguación, soporte del arco y un ligero desnivel en el talón. En algunos casos, las plantillas personalizadas ayudan a distribuir mejor la carga.

El descanso es otro aspecto clave. Alternar periodos de actividad con momentos de reposo permite que la fascia se recupere y evita el sobreuso. Incluso gestos sencillos como cambiar de postura, mover los pies con frecuencia o elevar ligeramente las piernas al final del día favorecen la circulación y reducen la inflamación.

Ejercicios y hábitos que fortalecen la fascia plantar

Incorporar ejercicios específicos para los pies es una excelente forma de prevenir la fascitis plantar. Estirar los gemelos, el tendón de Aquiles y la propia fascia ayuda a mantener la elasticidad y la fuerza del arco plantar. Una rutina sencilla puede incluir rodar una pelota bajo la planta del pie, flexionar los dedos hacia arriba con una toalla o realizar pequeños movimientos de agarre con los dedos para fortalecer la musculatura intrínseca del pie.

Las personas que practican deporte deben calentar antes del ejercicio y estirar al finalizar, prestando especial atención a la parte posterior de la pierna. También es recomendable variar el tipo de actividad para evitar la sobrecarga: combinar la carrera o el senderismo con ejercicios de bajo impacto como la natación o la bicicleta permite mantener la forma sin forzar la fascia.

Cuidar los pies, elegir el calzado correcto y escuchar las señales del cuerpo son las mejores herramientas para prevenir la fascitis plantar y mantener una pisada saludable a largo plazo.

➡️ ¿Y si tengo más dudas sobre la fascitis plantar?

Pues es muy sencillo, puedes mandarnos un correo electrónico a info@hospitallaantigua.com o bien puedes llamarnos por teléfono al teléfono 949 223 600.
Estaremos encantados de atenderte y resolver todas tus dudas.

Preguntas frecuentes sobre la fascitis plantar

Aunque la fascitis plantar es muy común, sigue generando muchas dudas, especialmente sobre su duración y tratamiento. Resolverlas ayuda a entender mejor el proceso de recuperación y a evitar errores que prolonguen el dolor.

¿Cuánto tarda en curarse la fascitis plantar?

Depende de cada persona, pero la mayoría mejora en unas seis a ocho semanas con tratamiento conservador. Los casos más crónicos pueden tardar varios meses en resolverse completamente.

¿Se puede hacer ejercicio con fascitis plantar?

Conviene evitar correr o saltar mientras haya dolor, pero se pueden realizar actividades de bajo impacto como natación o bicicleta estática, que mantienen la movilidad sin sobrecargar la fascia.

¿Qué calzado es mejor para la fascitis plantar?

El ideal es aquel con buena amortiguación, soporte del arco plantar y talón ligeramente elevado. Las plantillas ortopédicas también pueden ayudar a repartir mejor la presión.

¿La fascitis plantar puede volverse crónica?

Sí, sobre todo si no se trata correctamente o si se mantiene el exceso de peso y el calzado inadecuado. Por eso, seguir las recomendaciones médicas y de fisioterapia es clave.

¿Cómo evitar que reaparezca?

Fortalecer los músculos del pie, realizar estiramientos de forma regular y cuidar la elección del calzado son las mejores estrategias para mantener la fascia plantar sana y evitar recaídas.