Caminar, correr o simplemente estar de pie durante horas son gestos cotidianos que exigen mucho a los pies. Por eso, cuando aparece un dolor punzante en el talón al levantarse de la cama o después de un largo día, la causa más habitual suele ser la fascitis plantar. Esta inflamación del tejido que recorre la planta del pie es una de las lesiones más comunes del aparato locomotor y, sin embargo, una de las que más se tienden a ignorar al principio.
Detrás de ese dolor está la fascia plantar, una banda de tejido que soporta el peso de cada paso y que, cuando se irrita o se inflama, convierte algo tan simple como caminar en una tarea incómoda. No afecta solo a deportistas: también aparece en personas con sobrepeso, profesiones que implican estar muchas horas de pie o incluso en quienes usan calzado sin buena amortiguación.
Aunque suele empezar con una molestia leve al apoyar el pie, puede transformarse en un dolor persistente que impide caminar con normalidad. La buena noticia es que la mayoría de los casos se solucionan con medidas sencillas, sin necesidad de cirugía ni tratamientos agresivos. Detectarla a tiempo, cuidar los pies y adaptar los hábitos diarios son las claves para aliviar el dolor y evitar que el problema se haga crónico.
Qué es la fascitis plantar y por qué aparece
La fascitis plantar es una inflamación del tejido que recubre la planta del pie, conocido como fascia plantar. Esta estructura, formada por fibras elásticas muy resistentes, conecta el talón con la base de los dedos y actúa como un auténtico amortiguador natural. Su función es soportar el peso corporal, mantener el arco del pie y absorber el impacto de cada paso, algo que realiza miles de veces al día sin que seamos conscientes.
El problema surge cuando la fascia se sobrecarga de manera repetida o se estira más de lo que puede resistir. Con el tiempo, esos pequeños microdesgarros provocan inflamación, dolor y rigidez, especialmente en la zona del talón. Es un proceso que avanza poco a poco, y en muchas personas comienza con una simple molestia matutina que se va intensificando si no se trata a tiempo.
La fascitis plantar es más habitual en personas que pasan mucho tiempo de pie, en trabajadores que permanecen largas jornadas sobre superficies duras y en deportistas, especialmente corredores. También influye el tipo de pisada: quienes tienen pies planos o excesivamente cavos tienden a cargar más la fascia. El sobrepeso, el uso de calzado sin buena amortiguación o un incremento repentino de la actividad física son factores que aumentan el riesgo.
Además, la edad desempeña un papel importante. A partir de los 40 años, la fascia pierde parte de su elasticidad y capacidad de recuperación, lo que la hace más vulnerable a la inflamación. En mujeres, el uso continuado de zapatos con poco soporte o tacones puede contribuir a que la fascia se irrite con más facilidad.
Fascitis plantar y espolón calcáneo: no son lo mismo
La fascitis plantar y el espolón calcáneo suelen mencionarse juntas, pero no son sinónimos. La fascitis es la inflamación del tejido blando, mientras que el espolón es una pequeña calcificación ósea que aparece en el talón como consecuencia de esa tensión repetida. Es decir, el espolón es una consecuencia posible, no la causa del dolor.
Muchas personas con espolón no presentan molestias, mientras que otras, sin ninguna calcificación visible, sufren un dolor intenso en la planta del pie. El verdadero origen del malestar está en la inflamación de la fascia, no en la presencia del hueso adicional.
Un diagnóstico adecuado mediante exploración y, en algunos casos, una radiografía o ecografía permite diferenciar ambas situaciones y aplicar el tratamiento correcto. Identificar si el dolor procede de la fascia o de una lesión asociada evita confusiones y acelera la recuperación.