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Conjuntivitis: causas, tipos, síntomas y tratamiento de esta molesta inflamación ocular

miércoles, 2 de abril de 2025

La conjuntivitis es una inflamación de la membrana que recubre la parte blanca del ojo y el interior de los párpados. Aunque suele ser leve, es una molestia frecuente que puede alterar la rutina diaria. Enrojecimiento, escozor, lagrimeo y sensación de arenilla son algunos de los síntomas más habituales, y no siempre es fácil identificar su causa a simple vista.

Las infecciones —ya sean víricas o bacterianas— están detrás de muchos casos, pero también pueden influir las alergias, la exposición a sustancias irritantes o incluso el uso inadecuado de lentes de contacto. Saber reconocer cada tipo permite actuar con mayor rapidez y eficacia, evitando complicaciones innecesarias o el contagio a otras personas.

Es una afección especialmente frecuente en colegios, centros de trabajo o espacios donde el contacto cercano favorece su propagación. A pesar de su apariencia inocente, es importante no subestimarla. La atención médica, una higiene adecuada y, en ciertos casos, el uso de colirios específicos o antibióticos ayudan a controlar el proceso y a recuperar el bienestar ocular sin dejar secuelas.

¿Qué es exactamente la conjuntivitis?

La conjuntivitis es la inflamación de la conjuntiva ocular, y se manifiesta con síntomas que van desde el enrojecimiento del ojo, el lagrimeo y la sensación de cuerpo extraño, hasta secreciones purulentas, picor intenso o incluso fotofobia. No es una enfermedad grave en la mayoría de los casos, pero sí muy incómoda. Además, algunas variantes pueden ser altamente contagiosas.

Esta inflamación puede tener múltiples orígenes, y es justamente esta diversidad de causas lo que hace tan importante el diagnóstico clínico. No todas las conjuntivitis se deben a infecciones, y no todas responden a los mismos tratamientos. Confundir una conjuntivitis vírica con una bacteriana o alérgica puede alargar el proceso de curación o incluso empeorarlo.

Tipos de conjuntivitis: ¿todas son iguales?

Aunque los síntomas básicos pueden parecer similares, existen diferentes tipos de conjuntivitis que requieren un abordaje distinto. Las más comunes son:

Conjuntivitis vírica

Es la más habitual y suele estar relacionada con infecciones respiratorias. Está causada por virus como el adenovirus y se transmite con facilidad a través del contacto directo. No requiere antibióticos y normalmente se resuelve sola en unos días, aunque puede dejar molestias persistentes.

Conjuntivitis bacteriana

Provocada por bacterias como el estafilococo o el estreptococo. Se caracteriza por una secreción amarillenta o verdosa espesa, y en este caso sí se requiere tratamiento antibiótico tópico para evitar complicaciones.

Conjuntivitis alérgica

Se produce como respuesta a alérgenos como el polen, el polvo o el pelo de animales. Es más común en personas con antecedentes de alergia y suele aparecer de forma estacional. El picor es muy intenso, pero no es contagiosa. El tratamiento suele basarse en antihistamínicos.

Conjuntivitis irritativa

También llamada conjuntivitis química o tóxica. Es el resultado del contacto con productos irritantes como humo, cloro, cosméticos, o incluso el uso prolongado de lentes de contacto. En este caso, lo principal es eliminar la exposición al irritante.

Principales síntomas de la conjuntivitis

La conjuntivitis suele manifestarse de forma clara y molesta, lo que facilita su identificación, aunque en ocasiones puede confundirse con otras afecciones oculares. Uno de los signos más comunes es el enrojecimiento del ojo, provocado por la dilatación de los vasos sanguíneos de la conjuntiva, que da nombre a la enfermedad. Este enrojecimiento se acompaña, a menudo, de sensación de escozor o quemazón, como si hubiera arena en el ojo, lo que genera una necesidad constante de frotarlo o parpadear con fuerza para aliviar la incomodidad.

Otro síntoma habitual es el lagrimeo excesivo, que en algunos casos se mezcla con secreciones mucosas o purulentas. Estas secreciones varían en función del tipo de conjuntivitis: en las infecciosas de origen bacteriano suelen ser más espesas y amarillentas, mientras que en las víricas o alérgicas tienden a ser más acuosas. Es frecuente que estas secreciones se acumulen durante la noche y provoquen que los párpados amanezcan pegados o con dificultad para abrirse.

La fotofobia, o sensibilidad a la luz, también puede estar presente, especialmente en los casos más intensos, lo que obliga al paciente a buscar espacios poco iluminados o protegerse los ojos. En niños y personas mayores, es habitual que la conjuntivitis venga acompañada de una mayor irritabilidad o dificultad para mantener la vista fija durante mucho tiempo.

En casos de conjuntivitis alérgica, los síntomas pueden incluir un picor muy intenso y bilateral, asociado con estornudos, congestión nasal y otros signos propios de la reacción alérgica. No suele haber secreción purulenta en estos casos, pero sí una notable inflamación de los párpados y sensación de pesadez ocular.

En definitiva, aunque los síntomas pueden variar según la causa de la conjuntivitis, lo más frecuente es que el paciente note enrojecimiento, secreción, escozor y molestias visuales. Prestar atención a estos signos y acudir al oftalmólogo cuando no remitan en pocos días es clave para recibir un diagnóstico y tratamiento adecuado.

Cómo se diagnostica la conjuntivitis

El diagnóstico suele ser clínico, es decir, se basa en la exploración visual y la descripción de los síntomas. Sin embargo, en casos persistentes o dudosos, se pueden realizar pruebas como un cultivo de la secreción ocular para identificar si hay un agente infeccioso específico. Este paso es importante para diferenciar entre conjuntivitis vírica, bacteriana o incluso para descartar otras enfermedades oculares con síntomas similares.

Tratamientos disponibles según el tipo

El tratamiento de la conjuntivitis depende en gran medida de su causa. No existe un enfoque único válido para todos los casos, ya que cada tipo —bacteriana, vírica, alérgica o irritativa— requiere una estrategia diferente. Por eso es importante no automedicarse y acudir al especialista si los síntomas no mejoran en un par de días o se intensifican.

En la conjuntivitis bacteriana, el tratamiento más habitual incluye colirios o pomadas antibióticas. Estos fármacos ayudan a eliminar la bacteria responsable y a reducir la duración de los síntomas, además de prevenir complicaciones como infecciones más profundas. Lo más habitual es que el oftalmólogo recete tobramicina, gentamicina o una combinación de antibióticos de amplio espectro. Es fundamental seguir el tratamiento completo aunque los síntomas desaparezcan antes, para asegurarse de que la infección no reaparezca.

La conjuntivitis vírica, por su parte, no responde a los antibióticos y suele resolverse por sí sola en unos días o semanas. El objetivo del tratamiento en estos casos es aliviar las molestias. Se suelen recomendar lágrimas artificiales sin conservantes para mantener hidratado el ojo, compresas frías para reducir la inflamación y una correcta higiene ocular. En casos más graves o persistentes, especialmente cuando el virus implicado es el adenovirus, puede valorarse el uso de antiinflamatorios tópicos bajo supervisión médica. Además, es fundamental evitar contagiar a otras personas, ya que este tipo es altamente transmisible.

La conjuntivitis alérgica necesita un enfoque completamente distinto. Aquí, el objetivo principal es reducir la reacción alérgica y calmar la irritación. El tratamiento más eficaz suele ser una combinación de antihistamínicos tópicos y estabilizadores de mastocitos. En episodios intensos, el oftalmólogo puede recomendar corticoides en colirio durante periodos cortos. Además, se aconseja evitar el contacto con el alérgeno desencadenante siempre que sea posible, y mantener medidas de higiene para reducir la exposición a pólenes, ácaros o pelos de animales.

En el caso de la conjuntivitis irritativa, como la causada por humo, cloro, viento o cuerpos extraños, el tratamiento pasa por eliminar el agente irritante y ayudar al ojo a recuperar su equilibrio. Aquí no se necesitan medicamentos específicos, sino más bien un enfoque de limpieza suave con suero fisiológico, aplicación de lágrimas artificiales y evitar la exposición continua al irritante. Si tras unas horas los síntomas no ceden o empeoran, es recomendable consultar con el especialista para descartar una lesión más profunda.

En todos los tipos de conjuntivitis, mantener una correcta higiene ocular es esencial. Lavarse bien las manos antes y después de tocarse los ojos, no compartir toallas ni cosméticos, y seguir al pie de la letra las indicaciones médicas marcarán la diferencia entre una recuperación rápida o una evolución complicada.

El éxito del tratamiento no solo depende del fármaco utilizado, sino también de la correcta identificación del tipo de conjuntivitis y del cumplimiento riguroso de las pautas establecidas. Por eso, incluso cuando los síntomas son leves, una consulta médica puede ser la clave para resolver el problema de forma eficaz y segura.

¿Es contagiosa la conjuntivitis?

La conjuntivitis puede ser contagiosa, pero no siempre lo es. Todo depende de la causa que la provoque. Esta es una de las preguntas más frecuentes tanto en consultas médicas como en entornos familiares o escolares, ya que el miedo al contagio puede generar dudas sobre el aislamiento o la reincorporación a la rutina diaria. Entender cuándo existe riesgo de transmisión y cómo se puede evitar es clave para frenar su propagación.

Las formas víricas y bacterianas de la conjuntivitis sí son contagiosas, y además con bastante facilidad. En estos casos, el contacto directo con secreciones oculares infectadas —por ejemplo, al tocarse los ojos y después tocar una superficie— puede ser suficiente para transmitir la infección a otra persona. También puede ocurrir a través de objetos contaminados, como toallas, almohadas o cosméticos compartidos. Por eso, cuando una persona tiene conjuntivitis de origen infeccioso, se recomienda extremar las medidas de higiene: lavarse bien las manos, evitar frotarse los ojos, no compartir utensilios personales y, en ciertos casos, limitar el contacto físico cercano.

La conjuntivitis vírica, especialmente la causada por adenovirus, es la más contagiosa. De hecho, puede propagarse con rapidez en entornos cerrados como colegios, guarderías u oficinas. Aunque muchas veces se confunde con una conjuntivitis leve, sus síntomas pueden durar varios días o incluso semanas, y contagiar a otras personas incluso cuando ya no son tan evidentes. En este sentido, es importante no subestimar los signos iniciales, como el enrojecimiento ocular y el lagrimeo, y consultar al médico para confirmar el diagnóstico.

En cambio, la conjuntivitis alérgica y la irritativa no son contagiosas. Estas responden a estímulos individuales (como el polen, el polvo o el cloro) y no se transmiten de una persona a otra. Aun así, pueden confundirse con una forma infecciosa en sus primeros momentos, ya que también cursan con enrojecimiento, picor y lagrimeo. La diferencia clave es que no existe secreción purulenta ni se acompaña de fiebre o síntomas generales, y suelen mejorar al eliminar el desencadenante o con tratamiento sintomático.

Para evitar la propagación de la conjuntivitis infecciosa, los profesionales recomiendan no acudir al trabajo, al colegio o a espacios públicos cerrados mientras persistan los síntomas más intensos. Generalmente, el periodo de mayor contagio coincide con los primeros días de la infección, por lo que mantener reposo en casa durante ese tiempo ayuda a evitar brotes en el entorno.

En definitiva, sí, la conjuntivitis puede ser contagiosa, pero no siempre lo es. Saber diferenciar los distintos tipos, actuar con responsabilidad y seguir las indicaciones del especialista permitirá una recuperación segura y sin riesgo para los demás.

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Conjuntivitis en niños y adultos: ¿hay diferencias?

Los niños son especialmente propensos a sufrir conjuntivitis, sobre todo en ambientes escolares donde el contagio es más fácil. En ellos, el síntoma más habitual es el enrojecimiento y la secreción abundante al despertar. En adultos, es más frecuente que aparezcan casos de conjuntivitis alérgica o por uso de lentes de contacto. En ambos casos, la vigilancia es clave para evitar complicaciones.

Complicaciones posibles si no se trata

En general, la conjuntivitis tiene buen pronóstico, pero si no se trata correctamente puede derivar en problemas más serios, como queratitis (inflamación de la córnea), pérdida temporal de la agudeza visual o, en casos extremos, daños permanentes. La automedicación es uno de los errores más frecuentes, por eso siempre se recomienda consultar con un oftalmólogo ante la aparición de síntomas prolongados o severos.

Prevención y consejos prácticos

Mantener una buena higiene ocular y proteger los ojos frente a agentes externos es clave. Algunas medidas básicas incluyen:

  • Usar gafas de sol para protegerse del polvo o el polen.
  • Evitar frotarse los ojos con las manos sucias.
  • Limpiar correctamente los lentes de contacto.
  • No compartir maquillaje ni productos de higiene personal.