La conjuntivitis es una inflamación de la membrana que recubre la parte blanca del ojo y el interior de los párpados. Aunque suele ser leve, es una molestia frecuente que puede alterar la rutina diaria. Enrojecimiento, escozor, lagrimeo y sensación de arenilla son algunos de los síntomas más habituales, y no siempre es fácil identificar su causa a simple vista.
Las infecciones —ya sean víricas o bacterianas— están detrás de muchos casos, pero también pueden influir las alergias, la exposición a sustancias irritantes o incluso el uso inadecuado de lentes de contacto. Saber reconocer cada tipo permite actuar con mayor rapidez y eficacia, evitando complicaciones innecesarias o el contagio a otras personas.
Es una afección especialmente frecuente en colegios, centros de trabajo o espacios donde el contacto cercano favorece su propagación. A pesar de su apariencia inocente, es importante no subestimarla. La atención médica, una higiene adecuada y, en ciertos casos, el uso de colirios específicos o antibióticos ayudan a controlar el proceso y a recuperar el bienestar ocular sin dejar secuelas.
¿Qué es exactamente la conjuntivitis?
La conjuntivitis es la inflamación de la conjuntiva ocular, y se manifiesta con síntomas que van desde el enrojecimiento del ojo, el lagrimeo y la sensación de cuerpo extraño, hasta secreciones purulentas, picor intenso o incluso fotofobia. No es una enfermedad grave en la mayoría de los casos, pero sí muy incómoda. Además, algunas variantes pueden ser altamente contagiosas.
Esta inflamación puede tener múltiples orígenes, y es justamente esta diversidad de causas lo que hace tan importante el diagnóstico clínico. No todas las conjuntivitis se deben a infecciones, y no todas responden a los mismos tratamientos. Confundir una conjuntivitis vírica con una bacteriana o alérgica puede alargar el proceso de curación o incluso empeorarlo.
Tipos de conjuntivitis: ¿todas son iguales?
Aunque los síntomas básicos pueden parecer similares, existen diferentes tipos de conjuntivitis que requieren un abordaje distinto. Las más comunes son:
Conjuntivitis vírica
Es la más habitual y suele estar relacionada con infecciones respiratorias. Está causada por virus como el adenovirus y se transmite con facilidad a través del contacto directo. No requiere antibióticos y normalmente se resuelve sola en unos días, aunque puede dejar molestias persistentes.
Conjuntivitis bacteriana
Provocada por bacterias como el estafilococo o el estreptococo. Se caracteriza por una secreción amarillenta o verdosa espesa, y en este caso sí se requiere tratamiento antibiótico tópico para evitar complicaciones.
Conjuntivitis alérgica
Se produce como respuesta a alérgenos como el polen, el polvo o el pelo de animales. Es más común en personas con antecedentes de alergia y suele aparecer de forma estacional. El picor es muy intenso, pero no es contagiosa. El tratamiento suele basarse en antihistamínicos.
Conjuntivitis irritativa
También llamada conjuntivitis química o tóxica. Es el resultado del contacto con productos irritantes como humo, cloro, cosméticos, o incluso el uso prolongado de lentes de contacto. En este caso, lo principal es eliminar la exposición al irritante.